Después de algo más de un año en el cargo, debo reconocer que la abuelez afecta seriamente y deja en estado precario las neuronas.
Cuando veo a La Perla no encuentro adjetivos y me limito a repetir ¡qué guapa eres! ¡pero qué guapa eres! igual que un papagayo. Como mucho, acompaño la exclamación con un beso o dos bastante sonoros de los que de momento no puede librarse. Ayer por fin, conseguí ampliar el repertorio. La abuela Ortolá le había cortado el flequillo al estilo Amélie y logré articular ¡estás resplandeciente!. En fin, algo es algo.
La Perla siente debilidad por subir escaleras y estoy segura de que al llegar al tercer peldaño dice tres, o algo parecido. Porque hablar, hablar no habla, pero dice algún pa pa, algún ta ta, algún ma ma y también emite a veces sonidos extraños que por buscarles una traducción aproximada bien pudieran ser un cruce entre el dialecto propio del País de Gex y el francés del cantón de Ginebra, entreverados ambos con madrileño de Moratalaz y cheli alcorconero.
La cuestión motriz, no tiene secretos para La Perla. Gatea a la velocidad de una ardilla y corre, separando mucho las piernas. A veces se ayuda, agarrada del primer dedo que encuentra y otras se lanza ella sola. En estos casos se cae y se levanta mil veces. Ya sabe lo que es un buen coscorrón y al grito de: croquetaaaa, se revuelca con entusiasmo. A la hora de comer, abre una boca que es un buzón de Correos. Le gusta casi todo y siente especial predilección por el yogourt.
Ver a La Perla en el baño es una fiesta. Chapotea y salpica a los espectadores de la primera fila, juega con la rana, el caracol y la tortuga y se pone de pié para huir como un rayo, cuando le mojan la cabeza a traición.
La cuestión motriz, no tiene secretos para La Perla. Gatea a la velocidad de una ardilla y corre, separando mucho las piernas. A veces se ayuda, agarrada del primer dedo que encuentra y otras se lanza ella sola. En estos casos se cae y se levanta mil veces. Ya sabe lo que es un buen coscorrón y al grito de: croquetaaaa, se revuelca con entusiasmo. A la hora de comer, abre una boca que es un buzón de Correos. Le gusta casi todo y siente especial predilección por el yogourt.
Ver a La Perla en el baño es una fiesta. Chapotea y salpica a los espectadores de la primera fila, juega con la rana, el caracol y la tortuga y se pone de pié para huir como un rayo, cuando le mojan la cabeza a traición.
La sonrisa de La Perla merece un párrafo aparte. Desarma, encandila, atonta y al reir, enseña su dos dientecillos de abajo y sus incipientes paletos. Afirmo que le gusta la música y sabe a quien tiene que ofrecer la flauta que está en el cesto de los juguetes. Estos días ha tocado la pandereta imitando a sus primos más mayores. Aplaude con ganas cuando es pertinente y marca los segundos con el dedo mientras dice claramente tic tac, tic tac.
Para dormir es irregular. Puede caer fulminada en la cuna o bien, necesitar que le canten por Sabina, o que le imiten el sonido solemne de los metales en una marcha de procesión. No suele resistirse al escuchar Debajo un botón, ton ton, Pin Pon es un muñeco y otras piezas tradicionales.
Solo quedan cuatro días para que La Perla del Lemán, regrese a la Suisse.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ ay !!!!!!!!!!!
2 comments:
ays si es que la Perla te deja K.O. con esa sonrisa :)
besitos
su
Bueno miralo por el lado positivo, asi entrais en la "abuelez" poco a poco...que llevais unos dias "abuelisimos" ;)
besoooootesssssss
hijo
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