Vivir entre dudas y preguntas es natural, es sano incluso. Pero hay días en que las preguntas desazonan y te dejan mal cuerpo porque aunque les des mil vueltas no encuentras nada que te pueda ayudar a entender.
La primera en la frente. El 31 de Octubre estás en la calle a la hora de salir los niños del colegio y empiezas a cruzarte con princesas vampiras, muertos vivientes, fredykrugers, calaveras y monstruos de distintas procedencias. Llevar pantalones vaqueros, que son de lo más práctico y hasta comer alguna hamburguesa de vez en cuando, pase, pero esto otro del jalogüin ¿a santo de qué?. A última hora de la tarde te encuentras en el portal con dos niñas que dán miedo. No por sus caras falsamente ensangrentadas ni por los harapos de momia, si no por el hecho de que te pidan dinero con un grito destemplado: ¡truco o trato!.
Los más mayorcitos, no mucho más, celebran esto mismo en una macro fiesta y... que si había más de 17.000, que si la música no dejaba oir los gritos de los que estaba aplastando una avalancha, que si muchos se habían pasado con las copas, que si más de uno se habían pasado también con otras sustancias, que si las puertas de emergencia, que si los seguratas, que si la abuela fuma... total 4 entierros. No hace falta decir que desde que ocurre ¿cómo llamarlo? la tragedia, el accidente, la desgracia en una fiesta que prometía atmósfera tétrica y pasaje del terror, (anuncio premonitorio donde los haya) sólo por 25 euracos, los medios no han hablado de otra cosa, mañana, tarde, noche y madrugada, como diría el poeta, y por supuesto han estado presentes en los entierros.
Como tantas veces, me he ido por los cerros de Ubeda, o los efectos secundarios del jalogüin, cuando lo que quería era precisamente hablar de entierros. O más bien, hacer una pregunta sobre los entierros televisados.
Porque, digo yo, ¿pero a qué o a quién demonios se aplaude en los entierros?.
1 comment:
querida wife se dice jalouín, sin g.
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