Friday, May 18, 2012

El día que grité mambo.

Es muy posible que Ginebra no sea la ciudad más representativa para hacerse una idea del carácter de los suizos. La ONU, la OIT, la OMC, la OMS, el CERN y otros organismos internacionales pueblan sus calles, si el tiempo acompaña, con gentes de todos los países.

Pero, probablemente el público que llenó el Victoria Hall, la tarde del 1º de Mayo para escuchar el concierto, era suizo en su mayoría. Familiares, amigos y simpatizantes de los miembros de una orquesta que cumplía 50 años desde su creación, varios directores generales y otras autoridades ginebrinas. Algún turista y unos pocos que estábamos de paso. El programa anunciaba (lo escribiré tal, cual) Orchestre du Collège de Genève.

Con seguridad ninguno de los músicos pasaba de los 25 años, tal vez, ni siquiera de los 20, pero sonaban estupendamente. Empezaron con Hary Janos de Kodaly. Vino después De Bizancio a Estambul, una obra compuesta por Michel Godel, un chaval de 19 años primer violín de la propia orquesta. Bastante original y con mucha fuerza. Siguieron con Aires Bohemios de Sarasate, la solista Virginie Raemy también muy joven, estuvo espléndida. Luego, la Guía de orquesta para jóvenes de Britten. Aquí tuvieron ocasión de lucirse todos y dejaron un buen sabor de boca antes del descanso.

En la segunda parte, la Suite Sinfónica de West Side Story de Bernstein y al final el tema de James Bond de M. Norman, en el que chicas y chicos gastaron bromas tocando con gafas de espía y corbatas colgadas de los fagotes. West Side Story se estrenó en Broadway en 1957. La peli llegó a España en los 60. Me entusiasmó y alguien me regaló un vinilo que escuchaba una y otra vez en mi tocadiscos (existió un cachivache que se llamaba así), más tarde en la era del CD, es una de mis músicas más frecuentes.

Cuando el director se volvió con cara de complicidad invitando a que coreáramos con la orquesta ¡¡mambo!!, entre el público nadie dijo ni pío, excepto yo. Un relámpago y me vi bailando con George Chakiris y Rita Moreno como una más de la pandilla. Pero cuando el maestro repitió el gesto por segunda vez, cerré la boca como los demás.

Más tarde me acordaba del concierto de Año Nuevo en Viena. Todos participan tocando las palmas a la prusiana y ligeramente rígidos en sus butacas. Es lo que pide la Marcha Radetzky. A cada uno lo suyo, ¿pero cómo es posible quedarse mudo y quieto con el mambo según Bernstein? Diré como el torero, que hay gente pá toó.





1 comment:

Anonymous said...

Suegri se lo he dicho en infinitas ocasiones, escriba usted cada día que tiene muuucho talento, y nunca se sabe cuándo puede caer un Premio Nadal o un algo.
besossss

su