Thursday, July 14, 2011

De madre a abuela

En 1976 Radio Nacional empezó a emitir un programa que a mi por lo menos me sirvió para perder el miedo a una música sobre la que mucha gente, durante mucho tiempo, sabíamos muy poco y asociábamos con la Semana Santa. Luto y tristeza por decreto.
Empecé a escuchar Clásicos Populares con mis hijos, antes y después de nacer. En el programa no había nada pomposo ni solemne, se referían a Vivaldi como: el cura pelirrojillo y a Bach como: el viejo peluca. Aprendí un montón de cosas y empezaron a sonarme intérpretes, directores y orquestas. La Suisse Romande era una de ellas y no se por qué ese nombre me gustaba. Lo encontraba perfecto para una orquesta, más evocador y menos explícito que, Filarmónica de Berlín o Sinfónica de Boston.
Clásicos Populares estuvo 32 años en antena. Tiempo suficiente para que ese evolucionar de madre a abuela parezca un abrir y cerrar de ojos, gracias a la Suisse Romande.
Los días 17, 18 y 19 de Junio se celebró en Ginebra la Fiesta de la Música. Entre los casi 500 conciertos de todo tipo que ofrecía el programa había que escoger y claro, ahí estaba la joya de la corona suiza con un programa tentador: Rossini, Falla, Ravel y Ginastera. Dirigió la orquesta Domingo Hindoyan que tiene un cierto parecido con Joaquín Cortés y también baila, batuta en mano. Los sentimientos flotaban por el Victoria Hall y el entusiasmo de los aplausos salpicados de bravos arrancaron dos propinas a la maravillosa orquesta que me hizo retroceder en el tiempo, aunque bien consciente de que en la butaca de al lado estaba mi hija y en ella nuestra/o garbancita/o mecida/o por la música.

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