Supongo que al oir Gruyêres la mayoría pensamos en un queso y no sé por qué casi todos, en un queso con agujeros. Incluso, más de una/o en ocasiones habremos dicho, tiene más agujeros que un queso gruyêr. Hace poco descubrí que eso no es exacto.
Gruyêres es un pueblo de postal que está en el cantón de Friburgo (Suiza). El castillo de Gruyêres (830 metros) es un castillo con vistas a los prealpes friburgueses, todo un espectáculo. Además de las salas, patios, explanada, torres y escalera de caracol ofrece estos días una exposición de belenes napolitanos. ¡ Qué lujo ! hasta los pastores visten de brocado. Dicho en términos teatrales, la escenografía es espectacular. Y luego un toque original, allí en medio de las figuras está Charlot en blanco y negro. Supongo que es un guiño al Chaplin que pasó los últimos 25 años de su vida en Vevey, orilla suiza del Lemán.
Pero estaba hablando de queso y claro, en Gruyêres se puede y se debe comer raclette o fondue y de postre... ¡ ay el postre ! tienen un merengue casi crujiente que al hincarle el diente se deshace en la boca. Se puede y se debe acompañar con una nata exquisita. Creo que me estoy yendo por los cerros de Gruyêres y lo que quería decir es que el gruyêre suizo no tienen agujeros.
Pero qué veo, según la socorrida Wikipedia los quesos franceses estilo gruyêr, si tienen agujeros. Vaya lío.





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