En la Cadena Ser están preguntando a los oyentes qué prefieren, libro o película. Elegir una de las dos cosas me parece imposible. Se trata de Los santos inocentes de Miguel Delibes.
Desde casa me quedo con las dos versiones. Pocas veces, por no decir la única, una película refleja tan bien lo que se cuenta en el libro, por no decir que mejora o destaca personajes que ganan en fuerza y matices. Entre otros méritos de Delibes está el de hacer una fotografía perfecta de la forma de vida miserable y sometida que aún llevaban muchas personas en manos de los señores feudales que seguían ejerciendo en los años 60 del siglo 20.
Leer el pasaje en que el señorito Ivancito llama a sus esclavos para demostrar a los invitados que saben escribir, provoca la indignación. Pero en la película de Mario Camus, la imagen de la Régula haciendo un esfuerzo sobrehumano para poner su nombre en un papel, tal vez por la grandísima actriz que es Terele Pávez, no puede olvidarse.
Cuando Delibes cuenta como el Azarías ahorca al señorito Iván, mis sentimientos son confusos ( estoy en contra de la pena de muerte). En el cine, después de casi 50 años de espectadora entregada que vive cada historia, nunca he sentido ese alivio, esa satisfacción salvaje por la venganza consumada y sobre todo el pleno convencimiento de que por una vez, se ha hecho justicia.
Desde casa me quedo con las dos versiones. Pocas veces, por no decir la única, una película refleja tan bien lo que se cuenta en el libro, por no decir que mejora o destaca personajes que ganan en fuerza y matices. Entre otros méritos de Delibes está el de hacer una fotografía perfecta de la forma de vida miserable y sometida que aún llevaban muchas personas en manos de los señores feudales que seguían ejerciendo en los años 60 del siglo 20.
Leer el pasaje en que el señorito Ivancito llama a sus esclavos para demostrar a los invitados que saben escribir, provoca la indignación. Pero en la película de Mario Camus, la imagen de la Régula haciendo un esfuerzo sobrehumano para poner su nombre en un papel, tal vez por la grandísima actriz que es Terele Pávez, no puede olvidarse.
Cuando Delibes cuenta como el Azarías ahorca al señorito Iván, mis sentimientos son confusos ( estoy en contra de la pena de muerte). En el cine, después de casi 50 años de espectadora entregada que vive cada historia, nunca he sentido ese alivio, esa satisfacción salvaje por la venganza consumada y sobre todo el pleno convencimiento de que por una vez, se ha hecho justicia.
No comments:
Post a Comment