cuaderno cuadriculado

Monday, March 09, 2009

Raquetas

Lo cierto es que sólo se había fijado en dos raquetas en toda su vida. Una es la de Rafa, ese chaval de Mallorca que gana casi siempre y anuncia champú. La otra, cuando era joven. Fue "la raqueta" porque practicamente no había otra. Manolo Santana también ganaba mucho en todos los sentidos. Parte de las ganacias se le fueron en el dentista. En fin, que sabía poquísimo de raquetas y absolutamente nada de raquetas diabólicas. Entonces llegó a Verbier.

Verbier está escondido en el valle de Bagnes a 1500 metros de altura. Desde el pico Monfort (3500 metros) sobredosis alpina: Cervino, Montblanc, Monte Rosa y Jungfrau. Cientos de kilómetros de pistas y parapente. En Verbier alquilan toda clase de artilugios para, digamos, disfrutar de la nieve.

La novedad, el paisaje, un sol digno de Écija, el cielo azulísimo, el ambiente, el yotambiénpuedo... hicieron el resto. Al momento se encontró subiendo por una senda estrecha, desde el punto de vista de alguien que acaba de debutar, sin anestesia, en el deporte raquetero. Enseguida se le amontonó el trabajo, sin saber en qué orden atender las instrucciones: separa las piernas, alterna los bastones, no pises tus propias raquetas, etc.

De vez en cuando un comentario de malvado cachondeo como: si te caes te pararán los árboles (300 metros de desnivel). Entre los dos o tres momentos humillantes, el peor, fue cruzarse con un hombre, tal vez, diez o quince años mayor que era todo fibra, iba de manga corta y traía puestos unos esquís. Con gesto amable saludó y cedió el paso.

Al final los dedos eran garfios sujetando los bastones pero después de varios intentos volvieron a ser dedos y se relajó de golpe. Los esquiadores bajaban trazando elegantes curvas, el día era espléndido y sonrió pensando en las engañosas fotos con cara de nopasanada y sobre todo en la versión que iba a contar a sus amigas.

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