Discutir
De repente, me he acordado de Gila cuando llamaba por teléfono al enemigo y le decía: Oye, que habéis "daó" a una señora que no es de la guerra.
Estoy en medio del fuego cruzado en una de esas guerras en las que no salpica la sangre, aunque si, la bilis. Soporto los daños colaterales (Gila lo explicaba de una forma mucho más sencilla) de un par de individuos/as de la especie discutidores sin ton ni son.
Hoy el pretexto para dejar que fluya la mala leche es la temida crisis. No aportan nada, no argumentan con sensatez y por poner un símil chusco diría que si el comentario de una es... desde Santurce a Bilbao vengo por toda la ría... la respuesta del otro pisando las últimas frases se limita a... eres alta y delgada como tu madré... joyas ambas del folclore patrio pero canciones distintas o cada loco con su tema que diría Serrat.
Cuando entran en el terreno personal, verdadero objetivo de este número circense, dejan a un lado el disimulo. Ya no les preocupa el paro, ni la inflacción, ni mucho menos el último escándalo financiero; se entregan al ytumás con verdadero fervor.
Esta guerra de andar por casa la emprenden con una regularidad digna de elogio y yo, como víctima de los daños colaterales, me siento igual que esa señora de la que hablaba el gran humorista. Sin posibilidad de escapar, indefensa y bastante triste.
Estoy en medio del fuego cruzado en una de esas guerras en las que no salpica la sangre, aunque si, la bilis. Soporto los daños colaterales (Gila lo explicaba de una forma mucho más sencilla) de un par de individuos/as de la especie discutidores sin ton ni son.
Hoy el pretexto para dejar que fluya la mala leche es la temida crisis. No aportan nada, no argumentan con sensatez y por poner un símil chusco diría que si el comentario de una es... desde Santurce a Bilbao vengo por toda la ría... la respuesta del otro pisando las últimas frases se limita a... eres alta y delgada como tu madré... joyas ambas del folclore patrio pero canciones distintas o cada loco con su tema que diría Serrat.
Cuando entran en el terreno personal, verdadero objetivo de este número circense, dejan a un lado el disimulo. Ya no les preocupa el paro, ni la inflacción, ni mucho menos el último escándalo financiero; se entregan al ytumás con verdadero fervor.
Esta guerra de andar por casa la emprenden con una regularidad digna de elogio y yo, como víctima de los daños colaterales, me siento igual que esa señora de la que hablaba el gran humorista. Sin posibilidad de escapar, indefensa y bastante triste.

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