Tuesday, September 23, 2008

Metropolitain

Los músicos que tocan en el Metro de París llevan su acreditación colgada del cuello como los funcionarios del Gobierno o los empleados y ejecutivos de los grandes Bancos y las empresas multinacionales. Si se trata de un control de calidad, parece ser que lo consiguen. 

En el transbordo de la línea uno a la ocho dirección Balard, hay un violinista veterano que inunda el largo pasillo alicatado con aires que evocan danzarinas marcando el ritmo a golpe de cadera. Como aderezo y adorno pone unas gotas de jazz. El resultado es espectacular. Dos días después, buscando Pigalle para subir a la colina de Montmartre, el espejo de azulejos blancos devuelve la silueta de una cantante que recrea Imagine en una versión muy personal, suave y cadenciosa. Al llegar al ah ah uo uo ofrece el microfóno al paso de un grupo de jóvenes que espontáneamente hacen el coro en el mejor estilo del cine musical. Se alcanza el final del pasillo con serias dudas de si será un montaje por lo bien que ha sonado. En el cambio de línea para ir a la Gare de Lyon, llega el adiós a París en forma de coro. Recuerda al del Ejército Ruso aunque las voces bien entonadas sean solo las de seis o siete músicos que además de cantar tocan instrumentos de viento y cuerda. El efecto del eco, la imaginación y un ramalazo triste por dejar París, hacen el resto. 

Aclaración para guasones de distintas procedencias: no, no es Kalinka lo que están cantando.

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