Mi padre tiene la cabeza a pájaros, los médicos lo llaman deterioro cognitivo.
Mi padre se dirige a las enfermeras con aire de galán trasnochado. Agradece los cuidados y las sonrisas con piropos y no olvida el señorita y el usted.
Mi padre lucha a brazo partido con su camisón, con su pañal, con los protectores de la cama y sobre todo con su sonda. Quiere librarse de ella. Aprieta los dientes para aguantar el tirón; sufre lo que llaman los médicos, espasmos vesicales. Una putada que se repite con demasiada frecuencia.
Mi padre come bien dadas las circunstancias. Se empeña en coger el pollo con las manos. Procuro convencerle de lo contrario. En un descuido el hueso del muslo sale disparado y aterriza en el regazo de una señora que está de visita. Me disculpo por él, aunque es lógico que el hueso tropiece con alguien. Cuando han traído la cena nos acompañaban catorce personas. Los pasillos son también una romería. En el Área Quirúrgica-Urología hay cuarenta camas, tres pacientes por habitación. En las habitaciones los enfermos de uno o dos acompañantes, somos bichos raros. No se respeta el horario ni el resto de las normas.
Mi padre, que tiene la cabeza a pájaros, mira a su alrededor extrañado y dice, quién son todos estos, qué hacen aquí, en la que nos hemos metido...
2 comments:
Lo mejor es que él sabe que estás ahí. besos
Y lo mejor es que todo ya pasó y ahora tienes material para unos cuentos posts, no? porque lo vivido en el hospital da para un guión de cine, por lo menos...
Un ovni.
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