Las emisoras de radio y los telediarios insisten como solo ellos saben hacerlo, hablan de millones de desplazamientos. La mañana del jueves santo, el área metropolitana de Madrid parece una ciudad de película del género catástrofe nuclear que no destruye los edificios. No se ve a nadie, ni una rata, nada. Se han desplazado y una buena parte está atascada camino de Levante.
Paran a reponer fuerzas y de paso comprar Miguelitos en La Roda, provincia de Albacete. El sitio idóneo es Juanito. En este famoso establecimiento está representada la España más cutre, profunda y semosdiferentes, modelo Torrente. Es esa que grita para hacerse entender entre los gritos y para regañar al niño. La que se toma el bocadillo de calamares pisando una alfombra de servilletas de papel y palillos usados, envoltorios de donuts, papeles grasientos de madalena, trozos de pan y de churro mojado en café que zozobró en el trayecto hacia la boca. La del crucifijo con cadena gorda de oro al cuello que enseña su pelambrera pecholobo mientras toma copazos de pacharán con hielo. Son las diez y media de la mañana. Sibebesnoconduzcas que dijo Stevie.
Compro Miguelitos y salgo corriendo. ¿Me estaré volviendo pesimista?.
Soy la única que habla de robo en la comisaría, los jóvenes y amables policías que me atienden se refieren todo el tiempo a hurto o sustracción y esas dos palabrejas legales son las que aparecen en la denuncia.
Pero, llámese como se llame, hace menos de una semana que en la línea Circular de la E.M.T. me birlaron, que diría un castizo, la cartera después de rajar limpiamente un lateral de mi bolso.
Sorpresa, cabreo, nervios y bloqueo de tarjetas aunque no lo bastante rápido como para evitar que en pocos minutos los ladrones compraran varios abonos de transporte a mi salud.
Y cuando lo cuentas te dicen más de cuatro, a mi también. Y acumulas inútiles porqués con tardíos sinunca. Sinunca cojo esa línea. Sinunca llevo encima 80 euros. Sinunca descuido mi bolso. Y asoman los me distraje, iba escuchando la radio, tuve un presentimiento, comprobé el bolso y luego me descuidé y hasta crees descubrir en qué momento ocurrió. Mientras se abría el semáforo de la plaza de Cristo Rey solo tuviste ojos para unas ventanas de nefastos recuerdos.
Pero esto no lo dices en voz alta, porque sólo faltaba que te echaras la culpa y entonces te convertirías sin remedio, en una pesimista galopante.
Paran a reponer fuerzas y de paso comprar Miguelitos en La Roda, provincia de Albacete. El sitio idóneo es Juanito. En este famoso establecimiento está representada la España más cutre, profunda y semosdiferentes, modelo Torrente. Es esa que grita para hacerse entender entre los gritos y para regañar al niño. La que se toma el bocadillo de calamares pisando una alfombra de servilletas de papel y palillos usados, envoltorios de donuts, papeles grasientos de madalena, trozos de pan y de churro mojado en café que zozobró en el trayecto hacia la boca. La del crucifijo con cadena gorda de oro al cuello que enseña su pelambrera pecholobo mientras toma copazos de pacharán con hielo. Son las diez y media de la mañana. Sibebesnoconduzcas que dijo Stevie.
Compro Miguelitos y salgo corriendo. ¿Me estaré volviendo pesimista?.
Soy la única que habla de robo en la comisaría, los jóvenes y amables policías que me atienden se refieren todo el tiempo a hurto o sustracción y esas dos palabrejas legales son las que aparecen en la denuncia.
Pero, llámese como se llame, hace menos de una semana que en la línea Circular de la E.M.T. me birlaron, que diría un castizo, la cartera después de rajar limpiamente un lateral de mi bolso.
Sorpresa, cabreo, nervios y bloqueo de tarjetas aunque no lo bastante rápido como para evitar que en pocos minutos los ladrones compraran varios abonos de transporte a mi salud.
Y cuando lo cuentas te dicen más de cuatro, a mi también. Y acumulas inútiles porqués con tardíos sinunca. Sinunca cojo esa línea. Sinunca llevo encima 80 euros. Sinunca descuido mi bolso. Y asoman los me distraje, iba escuchando la radio, tuve un presentimiento, comprobé el bolso y luego me descuidé y hasta crees descubrir en qué momento ocurrió. Mientras se abría el semáforo de la plaza de Cristo Rey solo tuviste ojos para unas ventanas de nefastos recuerdos.
Pero esto no lo dices en voz alta, porque sólo faltaba que te echaras la culpa y entonces te convertirías sin remedio, en una pesimista galopante.
1 comment:
Yo no sé qué pasa que una parece que se da cuenta de esas cosas antes de que pasen... cuánto desgraciao hay por ahí!
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