Pronunciar ciertas palabras es como meter un bombón de licor en la boca, dejar que se ablande y presionar despacio con la lengua para poder disfrutarlo.
Hay otras, muy pocas, que tienen una pronunciación áspera y levantan ampollas. Por suerte son las menos.
Las palabras en general me gustan tanto como un buen bombón de licor. Cuando se juega con ellas bien, se mezclan con ingenio, con sentido del humor y otros sentidos, con inteligencia y humildad a partes iguales, conversar o escuchar es un placer enorme aunque poco corriente.
Lo habitual es comunicarse con fieles practicantes limitados y aburridos pero tan enamorados de algunas que las repiten una y otra vez, sea cual sea el tema del que se hable. Para ser exactos hay dos que utilizan sólo los viernes: BUEN FINDE.
Resulta bastante curiosa también la modalidad palabra estrella. He llegado a contar veintisiete veces VALE en una explicación que no pasaba de tres o cuatro minutos.
Quien no haya sentido la curiosidad de ponerse a contar, pensará naturalmente, que estoy exagerando.
Hay otras, muy pocas, que tienen una pronunciación áspera y levantan ampollas. Por suerte son las menos.
Las palabras en general me gustan tanto como un buen bombón de licor. Cuando se juega con ellas bien, se mezclan con ingenio, con sentido del humor y otros sentidos, con inteligencia y humildad a partes iguales, conversar o escuchar es un placer enorme aunque poco corriente.
Lo habitual es comunicarse con fieles practicantes limitados y aburridos pero tan enamorados de algunas que las repiten una y otra vez, sea cual sea el tema del que se hable. Para ser exactos hay dos que utilizan sólo los viernes: BUEN FINDE.
Resulta bastante curiosa también la modalidad palabra estrella. He llegado a contar veintisiete veces VALE en una explicación que no pasaba de tres o cuatro minutos.
Quien no haya sentido la curiosidad de ponerse a contar, pensará naturalmente, que estoy exagerando.
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