Érase una vez una niña que le faltó poco para lucir un labio partido como el de Joaquín Phoenix, el atractivo malo de Gladiator. Nació con dos campanillas que dan un toque exótico a sus bostezos.
Su abuela, o sea, mi madre ponía el grito en el cielo ante mis comentarios: que si sus cejas, que si su olor, que si su piel arrugada. Antes de cumplir tres meses se había transformado, sin exagerar, en la más guapa del mundo.
Nuestra admirada doctora Besumán diagnosticó una luxación de cadera que se curó enseguida gracias a una especie de peto plastificado. El artilugio no impedía que la criaturita diera patadas y moviese las piernas sin parar. Habló muy claro desde el principio (premonitorio). Decía algunas palabras en valenciano y superaba pequeñas dificultades con las oportunas rectificaciones. Recuerdo por ejemplo, periócodo en lugar de periódico. Ahora se defiende en varios idiomas, lo cual según un estudio reciente, impide cantar bien. Quizá sea una conclusión con poca base científica, pero desde luego, parece mentira que su padre y su hermano sean músicos.
Su carácter independiente también se hizo notar pronto. Quiso comer sin ayuda y peinarse ella sola aprovechando para cortarse el flequillo en escalera. Luego saltó, hizo el pino y dio volteretas. En las manos aro, cinta, pelota o mazas mientras sonaba la habanera de Carmen. Me preguntó acostumbrada como estaba a que la "bautizaran" si serían capaces de decir correctamente ese apellido que requiere siempre una segunda oportunidad, cuando ganase una medalla en las Olimpiadas.
Se decidió por la informática y empezó a volar mucho (literal) y muy pronto. No me permito echarla de menos. Ahí están los e-milios, los sms, las conexiones por internet, el teléfono, incluso las cartas, sus escapadas para no descuidar besos y abrazos y el reencuentro en las vacaciones para subir al Cervino o bajar al metro en Londres.
¡Ah! se me olvidaba, hoy cumple treinta añazos y... la quiero tanto.
(16-11-07)
1 comment:
Y estoy segura de que ella también está muy orgullosa de su madre. Un besazo
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