Mientras anochece frente a La Doncella, traducción libre de Jungfrau, el pico más alto del Oberland Bernés, solo se oye el click, click, de la anilla metálica contra el mástil. La bandera suiza ondea delante del hotel Beausite. Madera en suelos y paredes, flores en las ventanas, muebles Heidi y balcón a las maravillas que rodean Beatemberg.
En el desayuno la información turística está en los manteles individuales que ayudan a identificar con nombre y altitud los diferentes picos. Hoy, un pegote de nubes reduce bastante el panorama. El teleférico hasta Vorsass para hacer pinitos de montañeros novatos y subir andando a Niederhorn. Las nubes del desayuno siguen ahí inamovibles.
De cualquier forma hay mucho que ver desde 1950 metros una vez recobrado el aliento. Aluvión de fotos y notas en el cuaderno de sitios inolvidables.
En Berna las tiendas están en hora punta, luce el sol y la gente se mueve entre soportales (6 kilómetros) escuchando a los músicos callejeros. Batería, guitarras y una cantante a los pies de la fuente del ogro comeniños. En la Karmgase, marimbas y dos virtuosos que interpretan a Bach y Telemann con acordeones. Más fuentes con estatuas, la casa donde vivió Einstein en el núm 49 y la torre del reloj. En Bärenplatz hay mercado. Artesanía, ropa, legumbres para decoración, flores y comida china o mejicana pasando por las crêpes. Frente al Parlamento (fachada cubierta por obras) los niños juegan descalzos y mojados con la fuente de secuencias. El ayuntamiento del siglo XV con su escalera doble. La catedral con su portada de, al menos, trescientas figuras entre buenos y malos. Preciosas vistas al río con huertas e invernaderos y los osos, símbolo de la ciudad. Se les ve aburridos y tristes esperando que caigan al foso la fruta y las chucherías que tiran, sobre todo, los niños. En la esquina un pianista va llenando su bombín de monedas y algún billete de diez y hasta de veinte francos. Los visitantes de los osos corresponden a sus versiones de música popular, ragtime y los Beatles.
En las terrazas no queda ni una mesa libre. Berna, disfruta sin prisas el final de la tarde.






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