Tuesday, August 14, 2007

Sin diván

En los lugares de la tierra donde comemos tres veces al día, los traumas, las fobias y complejos nos igualan cada vez más. Si eres director de cine puedes ahuyentar los fantasmas propios rodando una película todos los años como Almodóvar o Woody Allen que está loco por Manhattan. Por cierto, se dice que en la isla hay más psiquiatras por metro cuadrado que en ningún otro sitio.
Pero en un país donde los loqueros siguen estando muy mal vistos, incluso ahora, en plena época del ansiolítico y las depresiones, cada cual se arregla como puede. Procedimientos chapuceros de andar por casa con terapias gratuitas sin diván son en la práctica sesiones coñazo que dejan incontables afectados. El lugar del doctor lo ocupa con mención especial, el compañero/a de trabajo seguido de cerca por el vecino en el ascensor, el que se sienta al lado en el autobús o en la sala de espera del dentista. El que está detrás en la cola de Hacienda o delante para sacar entradas. Es esa mayoría (silenciosa porque no consigue meter baza) insolidaria y egoísta que jamás pasa sus vacaciones ayudando en una ONG que ni siquiera practica la caridad cristiana en la parroquia de su barrio, ni el voluntariado en los hospitales o en la Cruz Roja. Que, en resumen, no tiene el más mínimo espíritu de sacrificio.
Pero que, sin embargo, escucha. Por lo general no puede salir corriendo y entonces, escucha con una abnegación extraordinaria, aguantando el tipo frente a varias horas diarias de peligrosa exposición neuronal al temario clásico:
a.- lasmaldadesdemicuñado
b.- tengounamadremanipuladora
c.- mesientoelpatitofeo ... y otros
Una ley no escrita les ha destinado a escuchar. Ellos, como no, tienen también días difíciles por los más diversos motivos y no vamos a entrar en detalles porque saldrían a relucir las hipotecas, la subida de los tipos de interés y otros horrores y este no es el momento. Estos insignificantes seres llenos de flaquezas y preocupaciones se preguntan angustiados cuándo les llegará el relevo. Cuándo vendrá el tiempo de los profesionales como vinieron los Mc Donald's y los Starbucks para sustituir al pincho de toritlla y al carajillo, que esos si que eran pilares de nuestra cultura. Se dicen a sí mismos que no va a acabarse el mundo porque empecemos a ir al psicoanalista y sobre todo por admitir que estamos necesitando con urgencia un diván.

1 comment:

Anonymous said...

Yo tengo claro que, una vez que me he sentado en el diván, ya no me levanto. Qué a gusto que te quedas, chica.