Está claro que si al bicho que cargaba con el violonchelo le ponen algo más en la chepa se acuerda del padre de Baltasar, que es el Rey según la niña, encargado del instrumento. Luego estaba lo de esquiador intrépido, lo de periodista fashion, lo de cocinar, lencería, libros, colonias, cedés, calzoncillos, vídeos, pendientes, souvenires del MOMA y seguro que me olvido de algo.
Vamos, que no es que me olvide, es que mis regalos merecen una descripción más detallada. Sin ir más lejos esa falda que sin exagerar me hace diez años más joven y exagerando quince o veinte. Esa chaqueta que me pone en mi sitio. La agenda de escritora. La cámara digital en régimen de gananciales pendiente de cursillo y luego está el IPOD, un aparatejo que permite enfrentarse a la dura jornada laboral pasando de la salsa a los Beatles con toques de Caetano Veloso, Sinatra o Carlos Cano.
Esta mañana en el tren la señora que se sienta frente a mí, mira de reojo. Se me van los pies y algo más. Cómo no, al ritmo de ...castellano que bueno baila usted. Claro que al rato, justo en el transbordo Atocha-Recoletos, me permito el lujo de la nostalgia y la languidez más galopantes porque suena algo de Astor Piazzola. Sentimientos mañaneros a tope, una gozada.
He descubierto que los Reyes son los hijos, pero no importa porque es tanto lo que me aportan y me descubren que ahora que no nos oye nadie. Buenoooooooo, ens fins, estooooooo, que digoooooo yo, que os quiero guapos míos.

1 comment:
Me se ha borrado el comentario, tan bonito que me había quedado él (esto de ser un vestigio del milenio pasado es lo que tiene).
Decía, resumiendo, que los Reyes, bien entendidos, deben empezar por una misma, y que no falte.
El resto, bienvenido. Y que en casita, la carta acompañada de coñac y pitillos(por si había ganas de disgredir) -a los camellos agua del Ayun- cumplió sus objetivos sobradamente.
Y que disfrutes de tus merecidos presentes y de los que te los han procurado, y que te quiero mucho y que muchos besos.
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