Ayer la amabilidad de alguien, que como ella misma dice, tiene contactos entre el clero, hizo posible recuperar sabores perdidos en este mes de acelgas, lechuga y mala conciencia.
Pues si, la carne es débil, sobre todo cuando se trata de ciertas tentaciones. Pongamos que hablo de trufas y pastas de té hechas en el convento de las Clarisas. Lerma (Burgos). Hace un mes pasamos por allí para, entre otras cosas, recuperar sabores y la tornera nos aseguró que no, que no era pecado... ni el lechazo, ni las morcillas, ni los huevos recién puestos, fritos y acompañados de pan candeal. Estábamos a un par de kilómetros de las monjas y se nos iba el día entre colegiatas, bodegas, plazas porticadas, salmos cantados en Silos, Gótico de Catedral, retablos deslumbrantes y un frío que se suavizaba con tinto del Duero y sopas de ajo.
En fin que ayer las trufas endulzaron en lo posible la última del director de Amores perros. Babel. Desde el primer sonido sin imagen hasta el final de la peli, estuve inquieta y tuve miedo. Luego llegué a la conclusión de que estamos igual de perdidos en Tokio que en el último rincón de Marruecos. Estupenda película que recomiendo. Chicas, atención a Brad Pitt sucio y barbudo.
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