Al principio no le di importancia. Todas las mañanas un acordeonista hacía casi irreconocible el Ave María de Schubert. A este habría que excomulgarle, pensé sin más, pero a los pocos días era un saxofonista el que asesinaba inmisericorde la más sublime de las canciones de Porgy and Bess y eso si que no.
El jueves pasado fue un violinista el que, fijo, removió en su tumba a Albinoni con una peculiar versión de su famoso adagio y así hasta hoy mismo. He puesto el pie en la escalera mecánica al tiempo que reconocía con dificultad la letra de Sabor a mi...tanto tiempo disfrutamos de este amor...la escalera subía, subía, acercándose a la masacre. Un guitarrista cantaba, si a eso se le puede llamar cantar, acompañado por otro "delincuente" que para más escarnio agitaba sin pizca de miramiento unas maracas, si Machín levantara la cabeza.
Afirmo que la esquina de Recoletos con la calle Prim es un lugar nefasto para los músicos de cualquier estilo. Otro día hablaremos de los que me gustan y de dónde suelen tocar.
1 comment:
Mira a ver si se trata de un fenómeno como el Triángulo de las Bermudas ;), no es ni medio normal, vaya.
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